Juana Azurduy

MONUMENTOS PORTEÑOS

Desde la calle, la gente la verá de espaldas. Según el autor, la obra está lista en un 75 por ciento. Mientras, avanzan con el traslado de Colón a la Costanera, frente al Aeroparque.

Ni siquiera la orientación pudo generar un puente imaginario entre las figuras de Juana Azurduy y Cristóbal Colón.

El navegante genovés, y quien descubrió el continente americano para los europeos, avistaba desde su pedestal el horizonte sobre el Río de la Plata. Sin embargo, la heroína boliviana, que luchó por la independencia de los pueblos americanos, le dará la espalda a esas mismas aguas. Y mientras en la plaza ubicada detrás de la Casa Rosada ayer picaban la base del conjunto escultórico dedicado a Colón, en un galpón de la ex ESMA terminan de montar el de Azurduy, que ocupará ese lugar por decisión de la presidenta Cristina Fernández. Sus vidas fueron parte de la historia de la región: y ahora transitan caminos que están en las antípodas. Aun siendo esculturas.

Desde el Parque Colón, Juana Azurduy mirará hacia las ventanas traseras de la Casa Rosada. “En vez de una figura europea mirando hacia Europa, me gustó la idea de que sea una mujer mirando hacia nuestra tierra. Pensé en los presidentes que de aquí en más se van a asomar por la ventana: van a ver una figura que los va a estar interpelando, que casi los mirará a los ojos. La imagen de una mujer luchadora, con una espada en la mano y cargando sobre la espalda a sus cinco hijos”, le contó a Clarín el artista plástico Andrés Zerneri, autor del monumento.

Junto a un equipo de artistas y escultores, Zerneri (41 años, autodidacta) trabaja en un galpón de la ex ESMA, en Núñez.

La escultura está construida en un 75%. Y si existiera la decisión política de inaugurarla el 12 de julio, Zerneri estima que su obra estaría finalizada. En esa fecha los bolivianos conmemoran el nacimiento de la heroína y es además el “Día de la Confraternidad argentino-boliviana”, que se festeja en ambos países desde 2010.

El proceso de elaboración de la escultura arrancó en febrero de 2013. Se trata de una técnica que se conoce como fundición a la cera perdida: se realizó una matriz en yeso a escala real, luego se hicieron 400 moldes de cera –que conforman el total de la escultura y que son como láminas de un 1,5 cm de espesor– que fueron encapsuladas con un material que resiste altas temperaturas. Las 400 piezas se llevan a un horno; allí la cera se derrite y deja el espacio para que entre el bronce por orificios creados a tal efecto. En Argentina hay pocas fundiciones que hacen este trabajo y pocas personas que conocen el oficio. Una vez finalizado este proceso, las 400 piezas son soldadas.

Al momento de trasladarla se volverá a cortar en seis partes.

La escultura tendrá una altura de 9,50 metros, un pedestal de 5,50 metros y pesará 8 toneladas. Estará acompañada por otras doce figuras, entre ellas sus cinco hijos y un gaucho en representación de Martín Miguel de Güemes. El costo será de un millón de dólares, aportados por el Estado boliviano.

En estos meses de intenso debate en torno a la mudanza de Cristóbal Colón (ver El deseo...), Zerneri ha intentado mantenerse al margen de la polémica. Al mismo tiempo, junto al escritor Osvaldo Bayer impulsa la construcción de otro monumento, el de la Mujer Originaria (www.mujeroriginaria.com.ar), y que buscan instalar en el lugar que hoy ocupa el de Julio Argentino Roca, en el cruce de la avenida homónima con la calle Alsina: “S omos una sociedad dinámica que interpreta diferentes cosas sobre el espacio público. Si ese espacio público es nuestra casa y tenemos la responsabilidad de cuidarlo, en ese cuidado tenemos que preguntarnos qué valores le queremos transmitir a las futuras generaciones sobre figuras como Roca o Colón. Roca pudo hacer sido en algún aspecto un buen presidente, pero en lo que tiene que ver con la Campaña del Desierto, protagonizó un genocidio. La figura de Roca no la puedo seguir sosteniendo en un pedestal. Lo que se enseñaba sobre Colón, no es lo mismo que se enseña hoy. Cambiamos la óptica pero el monumento es el mismo.

Poner un monumento es un símbolo y sacarlo también, lo que no significa que haya que destruirlo”, analizó Zerneri.

En los últimos días se intensificó el trabajo para convertir en escombros la cripta y la estructura que sostenía el pedestal de Colón, que ahora permanece acostado y que ocupó la plaza durante 93 años. En breve el Estado nacional comenzará con los preparativos para su mudanza.

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